miércoles, diciembre 30, 2015

S.O.S... ¡Ya es Navidad!

S.O.S... ¡Ya es Navidad!, ¡Socorro! Ya es Navidad. Chevy Chase, National Lampoon

Las desventuras de la familia Griswold es todo un clásico de la cultura moderna yanki, aunque por estos lares han tenido un tirón más bien limitado. Su primera aventura, Las vacaciones de una chiflada familia americana (Vacation, 1983), aquí ni se llegó a estrenar en cines, y su secuela, Las vacaciones europeas de una chiflada familia americana (European Vacation, 1985), tuvo un estreno en cines muy limitado, donde había grandes urbes como Barcelona que ni llegó a proyectarse. Porque una cosa de la que no solemos acordarnos, más allá de que una película desde que se estrenaba en los USA hasta que llegaba aquí podían pasar varios meses (o años), es que había películas que se estrenaban en Madrid y, semanas/meses después, llegaba a Barcelona, por ejemplo.

S.O.S... ¡Ya es Navidad!, ¡Socorro! Ya es Navidad. Chevy Chase, National Lampoon

La cuestión es que ya una tercera entrega, la hoy comentada S.O.S... ¡Ya es Navidad! (Christmas vacation, 1989), también titulada en algún pase televisivo como ¡Socorro! Ya es Navidad, nos llegó directamente en vídeo, luciendo un doblaje de aquellos tan espantosos con voces que no corresponden con los actores. Por ejemplo, al hijo de la familia le encasquetan una voz de niña. Y ya, para marcarme un tirabuzón, a Chevy Chase aquí le pone la voz Luis Varela. En una de las siguientes películas de Chevy Chase, El gran lío (Nothing but Trouble, 1991), que también salió directamente en vídeo, la voz se la puso Juan Antonio Gálvez, que en las primera temporadas de El equipo A doblaba a Fénix, que en la última temporada le cambiaron la voz y le pusieron la de... ¡Luis Varela!

Volviendo a ¡Socorro! Ya es Navidad. Muchos sabrán aquello de National Lampoon, una revista humorística creado a finales de los 60 por unos universitarios que tuvo tal éxito que propició su extensión al cine con Desmadre a la americana (Animal house, 1978) y un sin fin de comedias que, en su inmensa mayoría, son para olvidar. Hasta tal punto que, desde hace años, la marca National Lampoon es sinónimo de putrefracción.

Las vacaciones de una chiflada familia americana nació como narración cómica (Vacation '58) en la revista a finales de los 70 y de la pluma de John Hughes, mucho antes de ser abanderado de las tennager movie 80teras. El relato llamó la atención de un ejecutivo de la Warner que dio luz verde a un proyecto dirigido por Harold Ramis.

S.O.S... ¡Ya es Navidad!, ¡Socorro! Ya es Navidad. Chevy Chase, National Lampoon

Una vez que ya recorrimos los USA y Europa junto a la familia Griswold poco interés tenía seguir viéndoles en movimiento, así que la nueva entrega tenían que estar en su casa, y nada mejor que ambientar la situación en época Navideña, cuando toda la familia se reúne.

La película, pese a contar con guión de John Hughes (sería la última vez que participaría en la saga) basado en otro relato suyo que publicó la revista National Lampoon bajo el título Christmas '59, es totalmente atroz. Mucho tiene que ver con su realización ultraplana, casi de telefilm, de un debutante Jermiah S. Chechick, que luego haría la bizarra Benny y Joon (Benny & Joon, 1993) y Los vengadores (The avengers, 1998), de la que salió tan escaldado que acabó en la caja tonta.

Los chistes no tienen gracia, los hemos visto mil veces, los actores malos y sosos. Además de tener a Chase y Beberly Angelo como el matrimonio Griswold, tenemos a unos jovencitos Juliette Lewis y Johnny Galecki (el Leonard de Big Bang theory) como sus hijos. Recordemos que uno de los "gags" recurrentes de la saga es que en cada película los actores que interpretan a los hijos osn diferentes.

También tenemos por ahí a Randy Quaid haciendo del primo tarado; Doris Roberts (la secretaria de Remington Steele); Julia Louis-Dreyfus (Seinfeld) haciendo de una vecina yuppie mega moderna que recuerda a los inquilinos de Bitelchús (Beetlejuice, 1988). Precisamente la banda sonora parece los tracks descartados de Bitelchús, firmado por ni más ni menos que Angelo Badalamenti.

S.O.S... ¡Ya es Navidad!, ¡Socorro! Ya es Navidad. Chevy Chase, National Lampoon

Curiosamente en los USA fue la que más éxito tuvo con más de 70 millones de dólares de recaudación habiendo costado apenas 25. Aun y así no deberían tener rmuchas ganas de seguir con la saga porque la cuarta entrega no llegó hasta 1997. Vacaciones en las Vegas (Vegas vacation, 1997) significó el punto más bajo de la saga, no sólo en cuanto a crítica (como venía siendo habitual en la saga) si no a niveles económicos, siendo la menos rentable de todas. Aquí, evidentemente, llegó directamente en VHS.

La cosa parecía que quedaría olvidada hasta que este finiquitado 2015 resucitaron la saga con una especie de reboot donde el protagonismo lo recoge con agrado Ed Helms, haciendo del hijo de Chevy Chase (que tiene una pequeña y horripilante aparición). La cosa funcionó tan escandalosamente bien en taquilla que todo apunta a nuevas secuelas.

S.O.S... ¡Ya es Navidad!, ¡Socorro! Ya es Navidad. Chevy Chase, National Lampoon

Como curiosidad, apuntar que existe un spin off, Las locas vacaciones del primo Eddie (National Lampoon's Christmas Vacation 2, 2004), realizada directamente para el mercado de DVD, donde Chevy Chase y su prole ya no tienen cabida, centrándose en la de su primo, Randy Quaid, que aquí sigue siendo el deficiente que era en las anteriores películas. Aquí parece que la influencia de Los Simpson es muy fuerte, pues interpreta a un trabajador de una central nuclear que en época navideña es sustituido por un ¡mono! (sic), que le acaba mordiendo. Este hecho hace que la empresa tema que los demande y le regala un crucero, que acabará naufragando y llegando a una isla desierta.
Si la pillas en algún canal mientras haces zapping, no lo dudes y cambia de canal, insensato.


lunes, diciembre 28, 2015

Cuando Juan Piquer conoció a Alf


No es muy conocido que nuestro realizador favorito de tierras levantinas estuvo involucrado en el priner episodio de Alf. Una de esas series de auge y caída meteórica, de esas que hace volar por los aires los ratings de audiencia y comienza a escupir merchandising y series animadas a diestro y siniestro, para luego, pasada la novedad, hundirse en el fangoso lodo del olvido.

Al parecer, Juan Piquer Simón andaba por esas tierras de Mickey Mouse con sus bichos de Slugs. Muerte viscosa cuando, a unos cientos de millas de allí se fraguaba el inicio de la seriedad del peluche venido de Melmac. Dada su condición de modesta sitcom, a la que sus productores no le daban demasiadas esperanzas, contaba con el handicap del escaso presupuesto para rodar una escena donde una nave espacial llegara a la Tierra y una especie de oso hormiguero saliera de ella.

Uno de los productores era Irving Reuben, que había empezado en el mundo del artisteo en plaza menores como eran las producciones de Trading Company Limited del productor Dick Randall, que había estado metido en la producción y/o distribución de alguna de las películas de Piquer en los USA, siendo en alguna de estas producciones donde se entabla el contacto Reuben-Piquer, lo que hace que el productor viese en el director al hombre ideal para solucionarle el entuerto de sacar petróleo de los cuatro chavos con los que contaba. Si había alguien capaz de hacerlo ese era el director valenciano, que ya había hecho aterrizar naves espaciales en Supersonic Man y Los nuevos extraterrestres.

Así que mientras Reuben se devanaba los sesos se enteró que Piquer rodaba en Lyon, Nueva York,  a escasas horas de los estudios donde se hacía lo propio con el pilot de Alf. Así que no desaprovechó la oportunidad para llamar a su viejo colega.
Del rodaje del aterrizaje de la nave poco se sabe, salvo que se rodó en un fin de semana y, según algunos, que se llevó a su inseparable Emilio Ruiz para que supervisara algunos trucajes con las maquetas. 
De todo aquello solamente quedó constancia de la fotografía superior donde Piquer dirigía bajo la atenta mirada de Reuben.

sábado, diciembre 26, 2015

Historias de Navidad

Historias de Navidad, Bob Clark

Todo un clásico de la cultura yanki para las fechas navideñas que aquí es completamente desconocido.
Jean Shepherd era un todo terreno de la radio y televisión norteamericana que allá por los 60 escribió algunos libros repletos de historias cortas de su infancia, algunos de estos relatos también se publicarían en la Playboy, que llamaron la atención de un director llamado Bob Clark. Alguno sabrá perfectamente quién es, otro le sonará y, seguramente, a la mayoría como si digo Pepito de los Palotes, pero lo que sí es seguro que te habrás tragado alguna de sus películas. Ya sea el slasher Navidades negras (Black Christmas, 1974), su gran éxito Porky's (Porky's, 1982), su gran descalabro con Stallone Rhinestone (Rhinestone, 1984) o un clásico de las aventuras holmenianas como Asesinato por decreto (Murder by decree, 1979). Vamos, el clásico director desconocido para el gran público pero que tiene en su haber una buena ristra de títulos.
 
Historias de Navidad, Bob Clark

Clark se ajuntó con Shepherd para sacar algo de sus historias y, una vez que consiguió un éxito de taquilla (Porky's) y tuvo el suficiente caché para poder llevar a la gran pantalla un proyecto más personal, comenzó a darle forma a esta Historias de Navidad (A Christmas story, 1983). Y ya podemos ver que la distribuidora de aquí le dio una traducción en plural, dando a entender que hay varias historias, cosa que, por una parte es cierto, pero que, realmente, son los avatares de un chaval los días previos a la Navidad.

Ralphie Parker es un niño de 9 años que vive en los USA de los primeros años 40 (aunque la fecha nunca se menciona, lo que ha dado para muchos debates entre los estudiosos del film sobre si acontece en 1939, 1940, 1941...) y está obsesionado con conseguir una escopeta de juguete Red Ryder, y como se acerca el día de Navidad sabe que es el momento justo para conseguirla.
 
Historias de Navidad, Bob Clark

Y, aunque la columna vertebral de la historia es la historia de la escopeta, también nos iremos topando con pequeñas historias que giran alrededor de Ralphie, ya sea con sus padres y la extraña lampara que han ganado en un concurso, los gamberros del colegio o su visita a los grandes almacenes.

Historias de Navidad es un film modesto, de aquellos pequeños que rápidamente nos gana por sus historias tan costumbristas como modestas, que harán que en algún u otro momento nos sintamos reflejados en los personajes. Personajes que ganan mucho por tener a actores la mar de solventes: Peter Billingsley, que luego hizo aquel bodrio de La moto fantástica (The dirt bike kid, 1985) y ahora es un reputado productor de los blockbusters de su colega Jon Favreau; Darren McGavin, el prota de la serie Kolchak (Kolchak, 1974-75) o también visto en el Capitán América (Captain America, 1990) de Albert Pyun; Scott Schwartz, que acabaría siendo recordado por el niño al que se le queda enganchada la lengua en un poste y al que habíamos visto junto a Richard Pryor en Su juguete preferido (The toy, 1982) de Richard Donner, para luego acabar en el porno noventero; y Melinda Dillon, que había estado en Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, 1977) y Bigfoot y los Henderson (Harry and the Hendersons, 1987). Además, un cameo del director Bob Clark y la voz de Jean Shepher, que hace de narrador comom la voz de un adulto Ralphie, recurso que luego sería reciclado en Aquellos maravillosos años (The wonder years, 1988-93).


Historias de Navidad, Bob Clark

En su momento la película no tuvo mucha suerte en taquilla, pero poco a poco se fue haciendo un hueco en la cultura norteamericana, siendo editada en ediciones con muchos extras en DVD o Blu-Ray y con su correspondiente pase televisivos por fechas navideñas. Aquí no, no la conoce ni el tato.


domingo, diciembre 13, 2015

El cementerio viviente (y secuela)

El cementerio viviente, Stephen King

Algunos dicen que esta es la adaptación más fiel de un escrito de Stephen King. Mucho tiene que ver que él mismo se encargó de escribir el guión, cosa que puso como condición para dar le visto bueno a la producción, además de exigir que el rodaje fuese en su Mainey, lo que le permitía personarse en cualquier momento.

Seguramente también ayudó el tener en la dirección a una insprada Mary Lambert, que venía de dirigir videoclips (Madonna, Whitney Houston, Mick Jagger) y hacer su debut en el largo con el esperpento Relación fatal (Siesta, 1987), pero que se dejó en casa cualquier tic videoclipero. Y, todo hay que recordarlo, el primer director que estaba planeado que se hiciera cargo de la producción era George A. Romero, de ahí que en la producción estuviese su colega
Richard P. Rubinstein.

El cementerio viviente, Stephen King

El matrimono Credd y sus dos hijos se trasladan al pueblecito de Ludlow, donde rápidamente se harán amigos de su vecino. Justo al lado de su casa hay una carretera donde constantemente pasan camiones. Uno de ellos atropella al gato de la hija, lo que hace que su vecino revele que un poco más allá del cementerio de animales hay un terreno que revive los cadáveres que son enterrados.


El cementerio viviente, Stephen King

El cementerio viviente (Pet Sematary, 1989) fue un inesperado éxito, en gran medida porque se alejaba del terror de la época, mucho más efectista y con mucho efecto especial. Aquí la película deja de lado cualquier festival para la muchachada y nos traía una historia muy adulta, con personajes decadentes y tristes.

Aun y así la cosa cuesta un poco de ver. Con un ritmo extremadamente pausado, no es hasta pasada la primera hora cuando llega el climax que durante todo el film nos han apuntado (la muerte del niño y su posterior resurrección). Mientras tanto iremos viendo la triste vida de un matrimonio que se aguanta con hilos.


El cementerio viviente, Stephen King


Sin contar con un reparto demasiado espectacular, del que apenas reconoceremos a Fred Gwynne (Herman Monster), Denise Crosby (Star Trek, The walking death) y una aparición del propio King haciendo de cura, tenemos actuaciones muy solventes, del que destaca a todas luces el pequeño Miko Hughes, que por momentos pone caras de auténtico psycho killer. Lástima que el mal rollo se rompa cuando, en alguna escena, lo cambian por un muñeco la mar de evidente.

También es muy recordado el tema Pet Sematary de los Ramones, que el propio Stephen King, fan del grupo, los había propuesto para que escribieran algún tema para el film. El resto de la banda sonora corrió a cargo de Elliot Goldenthal llena de coros infantiles, que nos recordarán al Danny Elfman de los 90. Curiosamente Goldenthal sustituiría a Elfman en la franquicia del hombre murciélago en Batman forever (Batman forever, 1995).

El cementerio viviente, Stephen King
Cementerio viviente 2. (Pet semantary, 1991). El primer film funcionó bastante bien en taquilla pero sin ser un gran éxito, lo que hizo que Paramount se plantease una secuela siempre y cuando fuese lo suficiente barata. Para ello se pusieron en contacto con Ralph Singleton, uno de los productores del primer film y que acababa de dirigir otro King como es La fosa común (Graveyard Shift, 1990), para que la pusiera en marcha. Lo primero que hizo fue volver a contar con Mary Lambert para que volviera a la dirección. que tuvo que lidiar con la difícil tarea de hacer una secuela de una novela de Stephen King sin que este estuviera involucrado.
Edward Furlong es el hijo de una famosa actriz que muere en un accidente en un rodaje, lo que acaba llevándole a vivir junto a su padre, un veterinario con el que se muda al pueblecito que aconteció todo lo sucedido en la anterior película. Allí el chaval es presa de los gamberros del cole, cosa que campeará con la amistad del hijastro del sheriff, que conoce la leyenda del cementerio de animales. 

Con un presupuesto de unos 12 millones de dólares, la película pasó un tanto desapercibida por la taquilla, apenas recuperando su presupuesto y algún que otro milloncejo de propina. La crítica la puso a caer de un burro y el público no acabó de entender el cambio de rumbo. Lo cierto es que es un film menor, terriblemente mediocre, que se ve lastrado por seguir a una película muy seria y adulta, cosa totalmente opuesta a la nueva entrega, que por momentos parece una de la Troma.  
Pese a un cast bastante atrativo (Edward Furlong, Anthony Edwards, Clancy Brown, Jared Rushton) la cosa descarrila hasta límites de vergüenza ajena.
De ahí que Mary Lambert acabara medio desaparecida en telefilms y series, además de basuras como Leyenda urbana 3 (Urban Legends: Bloody Mar, 2005) o Mega Pitón contra Mega Caimán (Mega Python vs. Gatoroid, 2001).

domingo, diciembre 06, 2015

La noche de los desaparecidos (Pay the ghost)

Pay the ghost, Nicolas Cage

Corren malos tiempos para Nicolas Cage y sus fans... si es que queda alguno.
Lejos empiezan a quedar los tiempos de los papeles que recibían los alagos de la crítica o blockbusters estilo La búsqueda (National Treasure, 2004). Incluso comienzan a quedar atrás los intentos de crear una franquicia con la mamarrachada de El aprendiz de brujo (The Sorcerer's Apprentice, 2010) o la macarrada cachonda de Furia ciega (Drive Angry, 2011).
Ahora es época de Caza al asesino (The Frozen Ground, 2013), Tokarev(Tokarev, 2014) o Caza al terrorista (Dying of the Light, 2014), películas por las que pagar una entrada de cine es un sacrilegio, y no merecen más suerte de la que han corrido. Además de tener carteles photoshopeados por el enemigo número 1 del buen gusto, carteles hechos con un "cut & paste" criminal que nos traía a la mente la época de los "direct to DVD" de Steven Seagal una década atrás.


Pay the ghost, Nicolas Cage

Tampoco parecía que la cosa iba a mejorar con La noche de los desaparecidos (Pay the ghost, 2015), y más cuando se supo que en los USA iba a tener una distribución muy limitada en cines y todo su potencial iba a ser en VOD. Y aquí no íbamos a ser menos y nos llegaría directa al mercado doméstico. Tampoco nos íbamos a perder una carátula de las chungas.

Un tipo de esos que tiene un trabajo de aquellos que le absorbe las 24 horas del día, que le obliga a dejar a su mujer y a su hijo en un segundo plano, pierde a este último durante una fiesta de Halloween. El chaval no aparece y pasa un año. Durante este tiempo, nuestro amigo Cage no ha parado de buscarle y justo cuando se va a cumplir el año, festividad de Halloween, comienza a recibir señales que su hijo podría estar vivo.

 
Pay the ghost, Nicolas Cage

Ahí es cuando empieza todo el tema sobrenatural. Porque si alguno se pensaba que esto era un drama de secuestros y esas cosas, nada más lejos de la realidad. La cosa es subirse al carro de los Insidious (Insidious, 2010) y Sinister (Sinister, 2012), pero lejos de ser una película de terror, lo que aquí nos encontramos es una peli de misterio con algún que otro susto de esos que nos meten el subidón de volumen y el careto de un monstruenco en primerísimo plano. Pay the ghost está mucho más cerca de aquella retahíla de terror "adulto" de la década pasada como White noise. Más allá (White noise, 2005), Mothman. La última profecía (The Mothman Prophecies, 2002) o Dragonfly. La sombra de la libélula (Dragonfly, 2002). Aunque se empeñe en saquear a Insidious con esa "entrada" al mundo sobrenatural contra reloj.

Con un Nicolas Cage muy avejentado y fondón, la cosa se aguanta bien porque no llega a los 90 minutos y la trama se va dilatando sin ser demasiado agonizante. Lástima de una realización algo telefilmesca por parte de su director, Uli Edel, un afincado de la caja tonta (Twin Peaks, Historias de la cripta) que había estado detrás de aquel exploitation de Instinto básico (Basic instinct; 1992) de Madonna titulado El cuerpo del delito (Body of Evidence, 1993).